Dating an atheist?
Hola hola, hace unos días hice una encuesta en mi Instagram para decidir de qué escribir en esta entrada. Para mi sorpresa, “dating an atheist” tuvo un 100% de votos. Ustedes saben que soy cristiana y que me encanta mucho hablar de mi fe y compartir una que otra cosa con ustedes. Lo que probablemente no saben es que si, salí con un ateo. En la entrada de hoy, les contaré un poco sobre mi experiencia y lo que aprendí.
Cuando dos personas con diferentes ideales se conocen y empiezan a pasar tiempo juntos, yo encuentro que como que se aferran a lo que creen cada vez más. Es como cuando intentas quitar un juguete a un niño, siempre dicen “no, es MÍO”. Así pasa en las relaciones interpersonales, cuando vemos que algo en lo que creemos está siento “atacado”, nos aferramos con uñas y dientes.
La biblia dice “yugos desiguales no tienen porque unirse. Se comparan la luz con las tinieblas y pregunta: ¿qué tienen en común?” (2Cor6:14). Para ser honesta, siempre supe de este versículo y de los enfrentamientos que probablemente traería salir con una persona que no cree en lo mismo que yo. Pero, aún así me dije “qué más da”.
El tipo es una persona inteligente, dedicada, responsable y atenta. Tiene un sinfín de cualidades increíbles, creo que por esto, no pensé mucho en sus creencias. Pero claro, a principio con el enchule y todo es nuevo, uno como que pierde la cabeza por un instante, es completamente normal. Más adelante, según iba pasando el tiempo, me daba cuenta de que aunque teníamos muchísimas cosas en común, había cosas que no encajaban. En una relación siempre es bueno tener gustos diferentes y compartir ideales, porque hablar de lo mismo todo el tiempo, llega a ser aburrido. Pero Pablo (el autor del libro que mencioné arriba) tenía razón en la carta a los Corintios, cuando estas diferencias son demasiadas, es mejor no presionarlo.
Fueron meses súper buenos, no les mentiré y si pudiera cambiarlo, no lo haría. Fue una experiencia que me ayudó demasiado a crecer en mi fe y a mejor entender lo que creía. Tuve la bendición de que cuando comenzaron a salir preguntas con respecto a mi fe, supe contestarlas sin inquietarme ni dudar yo. Cuando sales con una persona que no cree lo mismo que tú, creo que es como una pequeña lucha interior. Si tú fe es lo suficientemente fuerte, podrás con todo. Pero, si estás teniendo dudas en lo que crees o no te sientes muy aferrado a papito Dios, quizá las preguntas que salgan o las dudas de la otra persona, te hagan dudar a ti.
De esto me llevo que, muchas veces nosotros sembramos en la persona esa semillita de inquietud con lo que proyectamos y creemos. Muchas veces no nos toca recolectar el fruto de esa pequeña inquietud que sembramos, pero quizá algún día esa inquietud florezca y de cabida a Dios en su corazón. Todos los días pido a papito Dios por el y por su corazón, está lleno de muchísimas cosas buenas, pero le vendría bien un poquito de G.O.D.
Aunque no volveré, doy gracias a Dios por la experiencia. Orar por las personas es también quererlas y dejarles saber que estas ahí. Espero que mi pequeña experiencia te sirva de algo.
With love, Gaby.
Cuando dos personas con diferentes ideales se conocen y empiezan a pasar tiempo juntos, yo encuentro que como que se aferran a lo que creen cada vez más. Es como cuando intentas quitar un juguete a un niño, siempre dicen “no, es MÍO”. Así pasa en las relaciones interpersonales, cuando vemos que algo en lo que creemos está siento “atacado”, nos aferramos con uñas y dientes.
La biblia dice “yugos desiguales no tienen porque unirse. Se comparan la luz con las tinieblas y pregunta: ¿qué tienen en común?” (2Cor6:14). Para ser honesta, siempre supe de este versículo y de los enfrentamientos que probablemente traería salir con una persona que no cree en lo mismo que yo. Pero, aún así me dije “qué más da”.
El tipo es una persona inteligente, dedicada, responsable y atenta. Tiene un sinfín de cualidades increíbles, creo que por esto, no pensé mucho en sus creencias. Pero claro, a principio con el enchule y todo es nuevo, uno como que pierde la cabeza por un instante, es completamente normal. Más adelante, según iba pasando el tiempo, me daba cuenta de que aunque teníamos muchísimas cosas en común, había cosas que no encajaban. En una relación siempre es bueno tener gustos diferentes y compartir ideales, porque hablar de lo mismo todo el tiempo, llega a ser aburrido. Pero Pablo (el autor del libro que mencioné arriba) tenía razón en la carta a los Corintios, cuando estas diferencias son demasiadas, es mejor no presionarlo.
Fueron meses súper buenos, no les mentiré y si pudiera cambiarlo, no lo haría. Fue una experiencia que me ayudó demasiado a crecer en mi fe y a mejor entender lo que creía. Tuve la bendición de que cuando comenzaron a salir preguntas con respecto a mi fe, supe contestarlas sin inquietarme ni dudar yo. Cuando sales con una persona que no cree lo mismo que tú, creo que es como una pequeña lucha interior. Si tú fe es lo suficientemente fuerte, podrás con todo. Pero, si estás teniendo dudas en lo que crees o no te sientes muy aferrado a papito Dios, quizá las preguntas que salgan o las dudas de la otra persona, te hagan dudar a ti.
De esto me llevo que, muchas veces nosotros sembramos en la persona esa semillita de inquietud con lo que proyectamos y creemos. Muchas veces no nos toca recolectar el fruto de esa pequeña inquietud que sembramos, pero quizá algún día esa inquietud florezca y de cabida a Dios en su corazón. Todos los días pido a papito Dios por el y por su corazón, está lleno de muchísimas cosas buenas, pero le vendría bien un poquito de G.O.D.
Aunque no volveré, doy gracias a Dios por la experiencia. Orar por las personas es también quererlas y dejarles saber que estas ahí. Espero que mi pequeña experiencia te sirva de algo.
With love, Gaby.

Comments
Post a Comment